Hombre discreto, elegante y con fino sentido del humor que se hacía querer en su parsimonia, se ha marchado hoy como vivió, sin estridencias. Marc Lloret ha muerto a los 51 años víctima de un cáncer que padecía desde hacía tiempo y que le retiró de los teclados de Mishima hace unos meses. Siempre vinculado al mundo de la música, encontró su momento el estar en la pomada de músicos de la que nació Mishima, grupo en el que grabó los teclados toda su discografía.
De aspecto sereno y sosegado, en escena era la antítesis de la elocuencia gestual propia del pop, hombre eficiente y de apariencia imperturbable que no malgastaba ademanes. Su papel en la banda, sin duda el de persona calmada en la que buscar equilibrio, le hizo una parte esencial de la misma. Sus propios compañeros han comunicado así su fallecimiento “nos deja el alma de Mishima, la banda que fundó en 1999 junto a David Carabén y Christian Aloy y de la que sólo la enfermedad ha podido separar…… sus melodías de piano son parte fundamental de algunas de las mejores canciones de la historia del reciente pop hecho en Catalunya”.
Periodista de formación, Marc Lloret (Barcelona 1973) siempre enfocó su interés hacia la música en un sentido amplio. Además de instrumentista y cantante, formó parte de proyectos como Aperio Crus y Orange, llegando a encabezar el suyo propio, Felicidad Blanc, Lloret también trabajó simultáneamente en la industria con su experiencia en el mundo discográfico y organizativo.
Fue codirector del festival PopArb, el certamen que amparó a la escena independiente catalana y periférica junto a Anna Cerdà, y también codirigió, en este caso junto a Oriol Roca i Maria Lladó, el Mercat de Música de Vic durante 14 ediciones. Precisamente, en la de 2024 dejó el cargo, con la satisfacción de haber dado un aire nuevo al Mercat renovando la apuesta por la juventud y las nuevas propuestas. Desde hoy, alguien falta en el pop catalán.
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